sábado, 4 de noviembre de 2017

Ghost

Como cada mañana ella se despierta muy temprano, su mirada es tan triste, casi no pertenece a este mundo, yo me incorporo de la cama cuando ella lo hace, no necesito dormir, paso la noche recostado mirando al techo tratando de hilar los pocos recuerdos que aún quedan en lo que puedo llamar memoria, desde que perdí la vida ella ha cambiado, se ha tornado tan callada, no contesta las llamadas de nuestros amigos, algunas incluso de mi familia, fue un accidente de tránsito, yo era el que conducía, yo era el que siempre reaccionaba de forma violenta, fui yo quien murió, pero es ella quien se quedó aquí, totalmente sola y eso torturara por siempre mi alma, quizás por ello quede atrapado aquí, a su lado, no podría tener algo parecido a una vida eterna, no podría merecerlo, esta es mi condena, ver su rostro angelical y ya nunca más poder tocarlo.

Repito todo lo que ella hace, como si fuera un ridículo y macabro juego del espejo, desayuno, lavo mi rostro aun sabiendo que no veo mi reflejo en ninguna parte, me coloco la ropa que no necesita lavarse, no sé cómo funciona esto, pero puedo hacerlo, no he perdido mi tiempo buscando lógica a la muerte; como cada mañana salimos de la que era nuestra casa, esta que se siente medio vacía, ni siquiera medio llena.

Ella camina sin mirar, su mente está destrozada por el recuerdo, la maldita estupidez de manejar tomado y discutiendo, como quisiera regresar en el tiempo y ponerme el cinturón en el momento indicado. Ella cruza las calles sin mirar a los lados, muchas veces la sujeto de la muñeca y ella siente un impulso que la hace frenar su paso, y salvo su vida, como no pude hacerlo con la mía, caminamos por algunos minutos hasta llegar a un edificio, en la entrada puedo leer un letrero que dice: “Dr. Esquivias – Psiquiatra”, una sensación de angustia me inunda, es un grito de auxilio, desesperado, lastimero, el trauma de perder en segundos a la persona que amaba es tan fuerte para ella como lo es para mí.

Subimos las escaleras hasta el tercer piso, buscamos la oficina 108 y ambos tocamos a la vez el timbre, pasados unos segundos un hombre de estatura regular abre la puerta y con una sonrisa franca y una mirada comprensiva me sobresalta:

-         -  Bienvenido Christian, ¿qué tal te fue esta semana?

Mi mirada se desconecta de ella por unos instantes, quedo en silencio y solo veo mi reflejo en sus lentes gruesos.

-          - ¿Sigues viendo el espíritu de Ángela por tu casa?

Ella voltea hacia mí con esa sonrisa que tanto extrañaba.

No (miento), creo que estoy comenzando a superarlo.

Ángela extiende su mano etérea y la apoya en mi espalda mientras entramos al consultorio.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Gato

Lo primero que oímos cuando caía la tarde fueron los maullidos lastimeros haciendo eco en algún lugar cerca de la casa, mi hermano subió al techo mientras yo buscaba por el patio, ya en el almuerzo nos pareció raro no verlo terminando su plato de comida, pero hasta ese momento no había pensado más allá de eso, él iba y venía sin control así como cuando llego a la casa, estaba y no estaba, pero siempre devoraba con ansiedad su almuerzo. Estaba perdido en estos pensamientos cuando los gritos desesperados de mi hermano me hicieron subir de a dos las gradas al tercer piso, casi cayendo más de 3 veces, allí se oían los aullidos con más intensidad, con un tono tan quejumbroso que me hizo estremecer, el eco que habíamos notado se escuchaba más estruendoso aun, así que empezamos a buscar un camino entre los fierros y cachivaches que convertían nuestro techo en una selva de óxido y madera, ya que era obvio que estaba en la casa de algún vecino, asome mi cabeza por la esquina que dividía la casa de mis padres con la del vecino y busque en la casa que estaba abandonada tiempo atrás, lo vi en el patio del primer piso, atrapado en una rejilla de desagüe.

El muy ladino debió de cazar un ratón hasta ese lugar y cuando trato de salir quedo atorado, le avise a mi hermano y juntos pensamos que poder hacer, la casa estaba abandonada así que podríamos entrar sin problema, el detalle era bajar cada piso hasta el patio, mi hermano fue quien tuvo la idea de bajar piso por piso con la escalera que teníamos en el patio. La subimos tan rápido como pudimos, una maceta rota en las gradas da fe de ello, y también como pudimos la atravesamos por esa maraña de metal retorcido.
La primera parte fue la más complicada, bajar del techo que acabábamos de invadir no fue fácil solo había un estrecho tragaluz sin vidrios por el que pasamos la escalera y la apoyamos en un balcón pequeño, bajamos despacio uno a uno con el temor de que la escalera resbale y bajemos más rápido de lo que buscábamos.
Cuando estuvimos en el piso no pude evitar sentir un escalofrío al ver una vela empolvada pegada al piso a lado de una mecedora desgastada que tenía algunas telarañas colgando de sus ángulos, desvié la vista rápidamente y pude ver el polvo acumulado en las rincones del segundo piso, había algunos retazos de periódicos desperdigados por el piso y algunas hojas que el viento trajo desde la huerta de la casa abandonada, perdí unos segundos en el paisaje olvidado de la casa cuando los maullidos de mi gato me devolvieron el enfoque.
Por suerte había gradas que iban al primer piso las cuales bajamos a toda prisa, una puerta con candado impedía el acceso al patio, mi hermano estaba a punto de subir por la escalera cuando hice el intento de forzar el candado y note que estaba sobrepuesto simplemente, lo saque sin problemas y entramos al patio, el gato estaba mojado y temblando, pero estaba a salvo, con mi hermano levantamos la pesada rejilla de acero y el gato salto a los brazos de mi hermano que recibió arañones en lugar de caricias, para luego escapar hacia la huerta que estaba en el patio, mi hermano corrió tras el mientras maldecía por lo bajo los arañones.

Acomode lo mejor que pude la estorbosa rejilla y voltee en busca de mi hermano, lo vi subiendo al segundo piso con el gato en el hombro y sus brillantes ojos observándome, me apresure a seguirlo ya que la tarde se convertía en noche y no quería quedarme más tiempo en esa casa ajena. Cerré la puerta y puse de nuevo el candado, pero por costumbre lo presione dejándolo cerrado, no me importo en ese momento ya que nadie recordaría si estaba o no cerrado y esperaba que mi gato aprendiera la lección y no volviera a esa casa en busca de ratones.
Subí las gradas limpiando el polvo y oxido de mis manos y no pude más que sentir un pánico terrible al ver la vela del segundo piso encendida y su débil llama de fuego danzando y luchando contra las ráfagas de vientos, quise creer que mi hermano había prendido esa vela para iluminar su subida así que continúe caminando, empecé a subir la escalera despacio mientras un viento frio apagaba la vela y hacia que la mecedora empezara a moverse con un traqueteo que me inquietaba mientras las telarañas parecían arañar el aire frio que las atacaba.

Cuando ya estaba a dos escalones de alcanzar el techo escuché un sonido sordo en la puerta del patio, supuse que el viento la estaba moviendo, no pensé mucho en ello ya que mi hermano me extendía una mano libre para ayudarme a subir, mientras que su otra mano seguía sujetando al gato, aunque con la oscuridad que ahora reinaba no distinguía donde empezaba el gato y donde terminaba en brazo de mi hermano, solo podía ver de sus brillante ojos que parecían reflejar la luna, incluso parecía que el gato estuviera sobre su cabeza, y que sus ojos brillantes fueran los de mi hermano. Otro golpe más fuerte me hizo bajar la vista y ver a mi hermano dando golpe contra la puerta de madera que estaba cerrada con candado, mientras gritaba mi nombre y me increpaba algo que no lograba entender, también vi al gato subir a la pared y maullar largo y agudo mientras una mano fria me subía hacia el techo invadido de la oscuridad de la noche.