viernes, 6 de julio de 2018

Gritos


El sonido de los cristales reventando fue tal que ya estaba sentado en la cama antes de abrir los ojos, se paró de prisa y pudo ver a uno de los encapuchados tratando de forzar la puerta de su casa, salió de prisa del cuarto llamando a sus padres, gritaba sus nombres mientras golpeaba la puerta con los puños pero no oía respuesta alguna, trato de recordar si acaso habían sido invitados a alguna cena de la universidad como solían tener pero no venía ninguna cita a su cabeza.
Él podía escuchar los golpes en la puerta del primer piso pero aun así no dejaba de gritar llamando a su padres, quizás la idea de una casa llena de gente podría hacer desistir a los sujetos que intentaban entrar y decidieran huir antes de arriesgarse, debía al menos intentarlo, continuo tratando con los gritos y golpes contra la puerta pero no consiguió ninguna respuesta, de pronto sintió un frio helado por la espalda, pudo oír claramente la puerta de la entrada abrirse y pasos pesados recorrer la casa, vio dos sombras subiendo por las gradas, se quedó en silencio y se acurruco en una esquina oscura esperando no ser visto.
Le costaba mucho poder contener su respiración pero hacia lo mejor que podía, de pronto vio una sombra frente a él acercarse de prisa, casi levitando, sintió claramente que le faltaba el aire y de pronto abrió los ojos, la colcha estaba enredándose en su cuello y tapaba toda su cara, había sido un sueño, una tenue luz empezaba a entrar por su ventana, estaba amaneciendo.
Se paró a cerrar la cortina y pudo ver una camioneta desconocida parada frente a su casa, un golpe fuerte resonó a sus espaldas mientras las maderas estallaban, la puerta de su cuarto se abrió de golpe y un encapuchado se acercó deprisa a él con un cuchillo en la mano, iba a lanzar un grito cuando la lucidez termino de llegar, en el sueño podía gritar, pero ahora no, desde que nació no pudo emitir sonido alguno y cuando el cuchillo dibujo una marca de carmín en su cuello, no hubo más sonido que de los pájaros que recibían la mañana.

jueves, 31 de mayo de 2018

Comida

Mientras se sentaba a la mesa, no podía dejar de extrañarla, aun cuando estuvo inapetente por varios días, y otro tanto más, tratando en vano de dominar su cuerpo y sus necesidades básicas, no podía seguir sin alimentarse, no era sano y no le ayudaba en nada. La ausencia de la mujer que amaba había calado hondo,  sentía que una parte de él estaría vacía por siempre, nadie podría llenar jamás ese lugar dentro suyo, nadie.
Aun cuando su familia estaba en contra, aun cuando muchos le dijeron que no era buena influencia, peor aun cuando les dijo que se irían a vivir a una cabaña alejada, para poner una pequeña granja, pues el disfrutaba de cultivar sus propios vegetales para comer, ningún familiar de su amada estaba de acuerdo. Quizás solo veían en el un hombre que jugaba con sus sentimientos, que se aprovechaba de una mujer ciega, pero eran unos tontos, él lo sabía, él no podía ver más que una mujer amorosa, tierna y amable, que se ganó su corazón desde la primera vez que chocaron sus cuerpos en la calle torpemente, para él era simplemente, perfecta.
Mientras tomaba el primer sorbo del caldo, no podía dejar de pensar en los meses que fueron felices, ella le ayudaba en la huerta, limpiando los surcos donde hubiera hierba mala y piedras, mientras él se dedicaba a conseguir el resto de comida, las tardes que pasaban cocinando juntos eran maravillosas y divertidas. Se puso a remover los vegetales con algo de cólera, maldiciendo el crudo invierno que había caído de improviso, una semana antes de lo esperado, un invierno que cubrió de hielo la huerta y los alrededores de la casa, la carretera cercana por la que pasaban regularmente carros, pronto fue olvidada, los pocos vegetales que pudieron recolectar se agotaban y él no podía soportar más esa situación, fueron días difíciles.
El nunca creyó que le podría doler tanto perder a alguien, que extrañara tanto sentir aquella suaves manos acariciando su rostro, aquellas suaves y tiernas manos; mientras pasaba el sorbo de caldo y vegetales un lagrima empezaba a nacer en sus ojos, cuando mordió el primer trozo sin embargo, no puedo evitar que escapara un pensamiento tan ridículamente inesperado, que se sintió mal, pero nunca hubiera esperado que unas manos suaves que acariciaban tan delicadamente su rostro, luego de ser cocidas con zanahorias y otras especias tuvieran una consistencia tan fibrosa.

martes, 22 de mayo de 2018

Bajo la cama


Cada noche su hijo no lo dejaba salir de su cuarto ni mucho menos apagar la luz, siempre decía que había alguien bajo su cama, era obvio que tenía los mismos temores que todos tuvieron de niño, por ello su padre hacia la misma rutina que su padre también hizo por él, miraba debajo de la cama, le decía que no había nadie y que todo estaría bien. Sin embargo el seguía teniendo ese temor y esa rutina no dejo de repetirse día a día, aun cuando después de una caída en el colegio el pequeño se rompió dos dientes y durmió por 3 días en la cama de su padre, nunca pudo dormir sin que se fijara primero debajo de la cama.
Algunas noches solo fingía mirar debajo, hacia una mueca de fastidio que el niño no veía y aunque recordaba que su padre hizo lo mismo por él, no recordaba que hubiera tenido ese temor tan arraigado ni por tan largo periodo de tiempo, sinceramente estaba convirtiéndose en un fastidio, ser padre viudo era difícil, no solo porque no estaba listo para un responsabilidad así, también se sumaba a esto el dolor de recordar a su mujer y como tuvo que partir tan pronto.
Una noche de tantas su hijo le había pedido que revisara y el solo hizo el ademan de mirar debajo, tal como lo hacía en esta nueva rutina, su hijo con una ancha sonrisa blanca le pidió que mirara bien, el padre dio un resoplido agotado mientras bajaba al ras del piso y levantaba un poco la colcha. Se quedó totalmente paralizado cuando un cráneo sin piel le devolvió la mirada con una rígida sonrisa sin dos dientes.

lunes, 30 de abril de 2018

Sonidos


Al comienzo no pude definir ese sonido, creí que era el viento que se colaba por alguna ventana, trate incluso de no pensar en él y seguir durmiendo, pero el sonido aunque intermitente era cada vez más intenso, no podía sacarlo de mi cabeza hasta que no pude contenerme más y maldiciendo me levante de la cama.
Observe el brillo verdusco en mi mesa de noche, era el reloj digital marcando las 02:03 a.m. parpadeando de forma casi imperceptible mientras yo me levantaba, el sonido seguía aumentando hasta parecer un jadeo, estaba enojado conmigo mismo mientras trataba de recordar que ventana pude dejar abierta.
Salí hacia mi sala y de pronto no pude escuchar nada, estaba por encender las luces pero recordé que estábamos sufriendo un apagón desde la  tarde, un viento frío corrió mi espalda de improviso cuando escuche de nuevo esa especie de silbido en la casa, parecía venir de la puerta de entrada, avance hacia ella tanteando las paredes, más por costumbre que por seguridad, ya que el corredor que llevaba a la puerta no tenía nada en el camino, solo cuadros y algunas macetas.
Casi grito cuando las luces se encendieron de pronto porque mis dedos presionaron el interruptor, rápidamente caí en cuenta de que la luz debió de regresar mientras dormía, por que vi el reloj encendido al salir de mi habitación, más calmado continúe mi andar ya que estaba a solo 2 pasos de la puerta de la casa cuando el sonido que para entonces parecía mas una respiración cansada se oyó a espaldas de mí, gire por instinto y me quede en silencio, pues solo veía mi reflejo en el espejo que estaba del otro lado del corredor.
Pero a pesar de ello el sonido seguía cada vez más fuerte, hasta me pareció que era mi reflejo el que respiraba agitado, lo cual era imposible, me dije a mi mismo, sin embargo todo cambio cuando vi bien hacia el espejo, sí, era mi reflejo el que respiraba agitado, parecía encogerse, casi encorvarse, me quede literalemente petrificado, con la garganta cerrada sin siquiera poder respirar, pero fue peor cuando vi el rostro, mi rostro, con una sonrisa torcida que acompañaba esos jadeos y sentí pánico real cuando vi que la mano del reflejo acercaba sus dedos hacia el interruptor que estaba a su lado, gire mis ojos hacia abajo y vi mi mano estática y con el puño cerrado, con las yemas de mis dedos casi blancas por la fuerza con la que presionaba mis manos, volví a ver hacia mi reflejo y no era más que mi viva imagen.
No había cuerpo encorvado, ni jadeo sonoro, solo yo con una pose asustada y con las manos apretadas, me relaje  luego de una profunda respiración de alivio, destense mis manos y extendí mis dedos, me regalé una sonrisa en el reflejo y mi otro yo me devolvió la misma sonrisa, pero la suya se iba extendiendo más y más casi rompiendo la comisura de sus labios, en un movimiento rápido coloco un dedo en el interruptor.
La luz se apagó.