jueves, 31 de mayo de 2018

Comida

Mientras se sentaba a la mesa, no podía dejar de extrañarla, aun cuando estuvo inapetente por varios días, y otro tanto más, tratando en vano de dominar su cuerpo y sus necesidades básicas, no podía seguir sin alimentarse, no era sano y no le ayudaba en nada. La ausencia de la mujer que amaba había calado hondo,  sentía que una parte de él estaría vacía por siempre, nadie podría llenar jamás ese lugar dentro suyo, nadie.
Aun cuando su familia estaba en contra, aun cuando muchos le dijeron que no era buena influencia, peor aun cuando les dijo que se irían a vivir a una cabaña alejada, para poner una pequeña granja, pues el disfrutaba de cultivar sus propios vegetales para comer, ningún familiar de su amada estaba de acuerdo. Quizás solo veían en el un hombre que jugaba con sus sentimientos, que se aprovechaba de una mujer ciega, pero eran unos tontos, él lo sabía, él no podía ver más que una mujer amorosa, tierna y amable, que se ganó su corazón desde la primera vez que chocaron sus cuerpos en la calle torpemente, para él era simplemente, perfecta.
Mientras tomaba el primer sorbo del caldo, no podía dejar de pensar en los meses que fueron felices, ella le ayudaba en la huerta, limpiando los surcos donde hubiera hierba mala y piedras, mientras él se dedicaba a conseguir el resto de comida, las tardes que pasaban cocinando juntos eran maravillosas y divertidas. Se puso a remover los vegetales con algo de cólera, maldiciendo el crudo invierno que había caído de improviso, una semana antes de lo esperado, un invierno que cubrió de hielo la huerta y los alrededores de la casa, la carretera cercana por la que pasaban regularmente carros, pronto fue olvidada, los pocos vegetales que pudieron recolectar se agotaban y él no podía soportar más esa situación, fueron días difíciles.
El nunca creyó que le podría doler tanto perder a alguien, que extrañara tanto sentir aquella suaves manos acariciando su rostro, aquellas suaves y tiernas manos; mientras pasaba el sorbo de caldo y vegetales un lagrima empezaba a nacer en sus ojos, cuando mordió el primer trozo sin embargo, no puedo evitar que escapara un pensamiento tan ridículamente inesperado, que se sintió mal, pero nunca hubiera esperado que unas manos suaves que acariciaban tan delicadamente su rostro, luego de ser cocidas con zanahorias y otras especias tuvieran una consistencia tan fibrosa.

martes, 22 de mayo de 2018

Bajo la cama


Cada noche su hijo no lo dejaba salir de su cuarto ni mucho menos apagar la luz, siempre decía que había alguien bajo su cama, era obvio que tenía los mismos temores que todos tuvieron de niño, por ello su padre hacia la misma rutina que su padre también hizo por él, miraba debajo de la cama, le decía que no había nadie y que todo estaría bien. Sin embargo el seguía teniendo ese temor y esa rutina no dejo de repetirse día a día, aun cuando después de una caída en el colegio el pequeño se rompió dos dientes y durmió por 3 días en la cama de su padre, nunca pudo dormir sin que se fijara primero debajo de la cama.
Algunas noches solo fingía mirar debajo, hacia una mueca de fastidio que el niño no veía y aunque recordaba que su padre hizo lo mismo por él, no recordaba que hubiera tenido ese temor tan arraigado ni por tan largo periodo de tiempo, sinceramente estaba convirtiéndose en un fastidio, ser padre viudo era difícil, no solo porque no estaba listo para un responsabilidad así, también se sumaba a esto el dolor de recordar a su mujer y como tuvo que partir tan pronto.
Una noche de tantas su hijo le había pedido que revisara y el solo hizo el ademan de mirar debajo, tal como lo hacía en esta nueva rutina, su hijo con una ancha sonrisa blanca le pidió que mirara bien, el padre dio un resoplido agotado mientras bajaba al ras del piso y levantaba un poco la colcha. Se quedó totalmente paralizado cuando un cráneo sin piel le devolvió la mirada con una rígida sonrisa sin dos dientes.