Lo primero que oímos cuando caía la
tarde fueron los maullidos lastimeros haciendo eco en algún lugar cerca de la
casa, mi hermano subió al techo mientras yo buscaba por el patio, ya en el
almuerzo nos pareció raro no verlo terminando su plato de comida, pero hasta
ese momento no había pensado más allá de eso, él iba y venía sin control así
como cuando llego a la casa, estaba y no estaba, pero siempre devoraba con
ansiedad su almuerzo. Estaba perdido en estos pensamientos cuando los gritos
desesperados de mi hermano me hicieron subir de a dos las gradas al tercer piso,
casi cayendo más de 3 veces, allí se oían los aullidos con más intensidad, con
un tono tan quejumbroso que me hizo estremecer, el eco que habíamos notado se
escuchaba más estruendoso aun, así que empezamos a buscar un camino entre los
fierros y cachivaches que convertían nuestro techo en una selva de óxido y
madera, ya que era obvio que estaba en la casa de algún vecino, asome mi cabeza
por la esquina que dividía la casa de mis padres con la del vecino y busque en
la casa que estaba abandonada tiempo atrás, lo vi en el patio del primer piso,
atrapado en una rejilla de desagüe.
El muy ladino debió de cazar un ratón
hasta ese lugar y cuando trato de salir quedo atorado, le avise a mi hermano y
juntos pensamos que poder hacer, la casa estaba abandonada así que podríamos
entrar sin problema, el detalle era bajar cada piso hasta el patio, mi hermano
fue quien tuvo la idea de bajar piso por piso con la escalera que teníamos en
el patio. La subimos tan rápido como pudimos, una maceta rota en las gradas da
fe de ello, y también como pudimos la atravesamos por esa maraña de metal
retorcido.
La primera parte fue la más
complicada, bajar del techo que acabábamos de invadir no fue fácil solo había
un estrecho tragaluz sin vidrios por el que pasamos la escalera y la apoyamos
en un balcón pequeño, bajamos despacio uno a uno con el temor de que la
escalera resbale y bajemos más rápido de lo que buscábamos.
Cuando estuvimos en el piso no pude
evitar sentir un escalofrío al ver una vela empolvada pegada al piso a lado de
una mecedora desgastada que tenía algunas telarañas colgando de sus ángulos,
desvié la vista rápidamente y pude ver el polvo acumulado en las rincones del
segundo piso, había algunos retazos de periódicos desperdigados por el piso y algunas
hojas que el viento trajo desde la huerta de la casa abandonada, perdí unos
segundos en el paisaje olvidado de la casa cuando los maullidos de mi gato me
devolvieron el enfoque.
Por suerte había gradas que iban al
primer piso las cuales bajamos a toda prisa, una puerta con candado impedía el
acceso al patio, mi hermano estaba a punto de subir por la escalera cuando hice
el intento de forzar el candado y note que estaba sobrepuesto simplemente, lo
saque sin problemas y entramos al patio, el gato estaba mojado y temblando,
pero estaba a salvo, con mi hermano levantamos la pesada rejilla de acero y el gato
salto a los brazos de mi hermano que recibió arañones en lugar de caricias,
para luego escapar hacia la huerta que estaba en el patio, mi hermano corrió
tras el mientras maldecía por lo bajo los arañones.
Acomode lo mejor que pude la estorbosa
rejilla y voltee en busca de mi hermano, lo vi subiendo al segundo piso con el
gato en el hombro y sus brillantes ojos observándome, me apresure a seguirlo ya
que la tarde se convertía en noche y no quería quedarme más tiempo en esa casa
ajena. Cerré la puerta y puse de nuevo el candado, pero por costumbre lo
presione dejándolo cerrado, no me importo en ese momento ya que nadie
recordaría si estaba o no cerrado y esperaba que mi gato aprendiera la lección
y no volviera a esa casa en busca de ratones.
Subí las gradas limpiando el polvo y
oxido de mis manos y no pude más que sentir un pánico terrible al ver la vela
del segundo piso encendida y su débil llama de fuego danzando y luchando contra
las ráfagas de vientos, quise creer que mi hermano había prendido esa vela para
iluminar su subida así que continúe caminando, empecé a subir la escalera
despacio mientras un viento frio apagaba la vela y hacia que la mecedora
empezara a moverse con un traqueteo que me inquietaba mientras las telarañas parecían
arañar el aire frio que las atacaba.
Cuando ya estaba a dos escalones de
alcanzar el techo escuché un sonido sordo en la puerta del patio, supuse que el
viento la estaba moviendo, no pensé mucho en ello ya que mi hermano me extendía
una mano libre para ayudarme a subir, mientras que su otra mano seguía
sujetando al gato, aunque con la oscuridad que ahora reinaba no distinguía
donde empezaba el gato y donde terminaba en brazo de mi hermano, solo podía ver
de sus brillante ojos que parecían reflejar la luna, incluso parecía que el
gato estuviera sobre su cabeza, y que sus ojos brillantes fueran los de mi
hermano. Otro golpe más fuerte me hizo bajar la vista y ver a mi hermano dando
golpe contra la puerta de madera que estaba cerrada con candado, mientras
gritaba mi nombre y me increpaba algo que no lograba entender, también vi al
gato subir a la pared y maullar largo y agudo mientras una mano fria me subía
hacia el techo invadido de la oscuridad de la noche.
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